A diferencia del té negro, el té verde pasa por un proceso de oxidación mínimo, lo que le permite conservar ese sabor fresco y ligeramente herbal, además de sus compuestos antioxidantes naturales.
El error más común al prepararlo: usar agua hirviendo. Eso quema las hojas y arruina tanto el sabor como parte de sus propiedades. La forma correcta:
- Calienta el agua entre 70°C y 80°C (si hierve, espera un par de minutos antes de verterla).
- Deja infusionar entre 2 y 3 minutos, no más.
- Cuela las hojas y disfrútalo solo —sin leche, para no tapar su sabor delicado.
Es un té sin aditivos, saborizantes ni conservantes: solo hoja de té verde, pura y a granel. Se le atribuyen propiedades antioxidantes, por lo que muchos lo eligen como una alternativa más liviana al café o al té negro durante el día.






