Estas almendras conservan su piel, donde justamente se concentra buena parte de su fibra y de sus compuestos antioxidantes —así que no hace falta pelarlas para aprovecharlas al máximo.
Un tip que se ha puesto de moda: si las dejas en remojo entre 6 y 8 horas (o toda la noche) en agua con una pizca de sal, se “activan” y se vuelven más fáciles de digerir, además de quedar con una textura más suave. Después solo hay que enjuagarlas y ya están listas para comer.
Cómo disfrutarlas:
- Como snack, solas o remojadas.
- Troceadas sobre yogurt, avena o ensaladas.
- En repostería, para sumar textura a galletas, granolas o queques.
Son una buena fuente de grasas saludables, fibra y vitamina E, ideales para tener siempre a mano en la despensa.

















