El nombre “guagua” viene del quechua y significa “niño” o “bebé” —de ahí la forma y el cariño con que se les conoce en Chile. Son parte de esa familia de dulces caseros, junto a las “sustancias”, que durante generaciones se vendieron en kioscos, ferias y escuelas de todo el país.
Están hechas con una base simple de leche y azúcar, sin vueltas ni ingredientes raros —la misma receta de toda la vida, que es justamente lo que las hace tan queridas: no necesitan reinventarse para gustar.
Un dulce simple que, más que un sabor, es un pedacito de memoria chilena.













