Este azúcar se obtiene del mismo proceso que el azúcar blanca —a partir de la caña de azúcar—, pero se detiene antes de refinarla del todo, conservando parte de la melaza natural de la caña. Ese resto de melaza es justamente lo que le da su color dorado y ese sabor acaramelado tan particular, más suave y profundo que el del azúcar común.
Dónde se luce más:
- En galletas y masas horneadas, dándoles un color y sabor más cálido.
- En tartas y pasteles, sobre todo los de frutas o especias como canela.
- Como endulzante para café, té o repostería casera en general.
Como todo azúcar, se recomienda un consumo moderado dentro de una alimentación equilibrada.













