Quién no ha mezclado harina tostada con leche fría para hacerse un cocho después del colegio, o se ha comido una sandía bien helada con un poco de harina tostada encima en pleno verano. Son esas combinaciones que a primera vista suenan raras, pero que cualquier chileno entiende.
Se obtiene tostando el trigo y moliéndolo hasta lograr un grano fino, lo que le da ese aroma suave y tostado tan característico, sin quemarse ni amargar.
Además de los clásicos de toda la vida, también puedes usarla en:
- Repostería, para darle un sabor tostado a masas y mezclas.
- Galletas caseras, aportando un toque más rústico.
- Como espesante natural en algunas preparaciones dulces.
Un básico de despensa que, más que un ingrediente, es puro recuerdo de infancia para muchos.
















