Esta mezcla reúne las tres variedades principales de quinoa, cada una con su propio carácter: la blanca aporta un sabor suave y delicado, la roja una textura más firme y un gusto terroso, y la negra ese toque crujiente y más intenso. Juntas, le dan a cada plato una textura mucho más interesante que la quinoa de un solo color.
Antes de cocinarla, lávala bajo el chorro de agua fría hasta que salga clara —esto elimina la saponina, una capa natural que le da un sabor amargo si no se retira. Como las variedades roja y negra son un poco más firmes que la blanca, es normal notar pequeñas diferencias de textura entre los granos una vez cocida, y es justamente parte de su encanto.
Se cultiva de forma orgánica y es una buena fuente de proteínas, fibra, hierro y magnesio, además de tener un índice glucémico bajo en comparación con otros cereales —una opción interesante si buscas variar tu alimentación con algo más colorido y nutritivo.













